El efecto del deporte sobre la tensión arterial
Salud
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El efecto del deporte sobre la tensión arterial

¿Sabías que la actividad física, practicada de forma regular, fortalece el corazón y consigue que pueda bombear más cantidad de sangre con menos esfuerzo? Como resultado, la fuerza sobre las arterias disminuye y la presión arterial baja. Por eso, los deportistas suelen reportar unos valores de tensión arterial inferiores a la población general y una mejor salud cardiovascular, con menos riesgo de hospitalizaciones a largo plazo.

Además, el ejercicio físico contribuye a mantener un peso saludable, otra ayuda importante para mantener a raya la presión arterial. Los beneficios se obtienen gracias a la adaptación de la circulación periférica y del músculo esquelético.

Hipertensión arterial y ejercicio

Pero ¿qué medidas hemos de tomar si somos hipertensos debido a un factor genético o a la edad?

Si padecemos hipertensión arterial controlada es muy recomendable que también aprovechemos los beneficios del deporte, siempre consultando antes a nuestro médico, quien nos dará las indicaciones deportivas a seguir. Teniendo en cuenta que durante el ejercicio puede subir la tensión, el especialista puede pedirte esperar a controlar primero tus valores antes de iniciar una actividad deportiva.

La pauta general en personas con hipertensión (que no sufran insuficiencia cardíaca) es que realicen ejercicios de esfuerzo moderado, como andar a buen ritmo, nadar o montar en bicicleta, de tres a cinco días a la semana y en intervalos de 30-60 minutos.

Sin embargo, los ejercicios isométricos o de levantamiento de pesas para trabajar la musculatura son poco recomendables para personas con hipertensión no controlada, ya que aumentan la llamada “poscarga cardiaca”. En el caso de que se quieran practicar (a baja intensidad), se requiere una valoración del especialista y una prueba de esfuerzo previa.

Otras consideraciones

También hay que vigilar la hidratación durante la actividad física (ya que los electrolitos son fundamentales en el bombeo de la sangre), tomar la medicación prescrita, utilizar un pulsómetro y no superar el rango de frecuencia cardíaca establecido según la franja de edad en la que nos encontramos.

Hay que empezar con esfuerzos pequeños e incrementarlos progresivamente, por ejemplo, hacer 5-10 minutos más de ejercicio o caminar medio kilómetro más cada semana, hasta llegar a realizar un ejercicio moderado (no debe llegar a ser extenuante). Si el paciente nota síntomas (disnea, cansancio…) debe descansar durante un tiempo y reanudar el esfuerzo cuando se haya recuperado.

En definitiva, el deporte puede ayudar al funcionamiento normal del corazón y es básico procurar incorporarlo en nuestra rutina, adaptándolo a las recomendaciones convenientes en función de nuestro caso personal.

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