Calor y deshidratación
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Llega el calor ¡y la deshidratación!

Llega el calor ¡y la deshidratación! Como todos sabemos, el agua es el componente principal de nuestro organismo y el que permite que se produzcan las reacciones químicas vitales y el transporte de nutrientes hasta las células, para que puedan desarrollar su función.

¿Cuánta agua deberíamos beber?

La ingesta diaria recomendada de agua en los adultos oscila entre 1’5 y 2’5 litros, en función de la complexión física, el estilo de vida, las necesidades especiales de cada persona, el deporte que practique, etc.

Necesitamos, pues, asegurar una buena reposición de líquidos diaria, sobre todo ahora que se acerca el calor y el aumento de la sudoración, ya que es la manera que tiene el organismo para regular su temperatura interna. En este proceso fisiológico se induce una pérdida de líquidos y minerales que podría comprometer la salud y el correcto funcionamiento del cuerpo. Además, durante la práctica de ejercicio físico se pierde todavía más cantidad de agua y de electrolitos, por lo que se necesita beber más líquido para recuperarlos y permanecer hidratados, sin esperar a tener sensación de sed.

Los electrolitos son minerales presentes en la sangre y otros líquidos corporales que intervienen, por ejemplo, en la actividad muscular. Los principales son el calcio, el magnesio, el potasio y el sodio. Se reponen tomando líquidos o suplementos nutricionales ricos en ellos, como las Sales Minerales de amlsport®.

Debemos ingerir la cantidad de agua proporcional a la pérdida que la actividad conlleve (antes, durante y después del ejercicio). Si se corre o se camina a paso ligero, por ejemplo, lo ideal es ingerir un par de vasos de agua media hora antes de empezar a movernos. También podemos tomar caldos vegetales, infusiones, zumos naturales de frutas, etc.

¿Cuándo nos deshidratamos?

Al hacer un ejercicio extenuante, el agua que se pierde a través del sudor puede oscilar entre medio litro y dos litros por hora, por lo que recomendamos beber al menos 120 ml cada 15 minutos (volúmenes pequeños de forma frecuente). Si no lo hacemos, se puede dar un cuadro de deshidratación: sensación de mucha sed, mal cuerpo, alteraciones en la temperatura corporal, dolor de cabeza, mareo, desorientación, cansancio, taquicardia, orina oscura, alteraciones del ritmo intestinal, reducción de la presión sanguínea…

Se calcula que con una deshidratación del 2% se reduce en un 20% el rendimiento físico, mientras que, si la deshidratación alcanza el 5%, se puede llegar a experimentar una reducción del rendimiento del 50%.

En conclusión: la hidratación es tan importante como una buena alimentación. Hay que cuidarla todo el año y, especialmente, en verano, o cuando realizamos deportes de alta intensidad, para garantizar el máximo rendimiento y preservar la salud.

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